Agrupación Fosalba

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Sindicato Médico del Uruguay
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Opinión

"Hacer sindicalismo es inculcar en los hombres la preocupación por los problemas económicos, 
técnicos y morales de todos los que están unidos por una tarea común...
"
Dr.Carlos Ma. Fosalba 

Un momento cargado de oportunidades.

Jacqueline Ponzo, 10 de abril 2005

El momento electoral es una oportunidad para la reflexión y para la decisión.

Cada médico, cada médica cuenta con su propia evaluación de estos dos años que nos separan de las últimas elecciones, con los hechos relevantes que los han caracterizado: conflicto de públicos, Convención Médica, y de los hechos menos relevantes y tal vez más poderosos que han construido una rutina del período, tanto en el SMU como en el CASMU.

Cada uno cuenta también con su propia evaluación de la situación gremial, más allá de los años recientes, desde una mirada histórica vivenciada más o menos involucrado en el gremio.

La propuesta de integración unitaria de agrupaciones y personas en vistas al acto electoral surge en este momento como fórmula para el fortalecimiento del gremio.

Concurrimos a esto desde un proceso de fragmentación progresiva de la izquierda gremial en agrupaciones que han intentado marcar un perfil propio que diera respuesta a lo que se visualizaba como carencias en la conducción y praxis del Sindicato, y también desde intentos reiterados y fracasados de reagrupar.

La invocada unidad de la izquierda como fórmula de solución a un gremio que está demandando cambios no es percibida como tal por todos.

Pero en lo que seguramente existe coincidencia es en la necesidad de cambio.

Para referirse a los cambios mundiales a los que Uruguay no es ajeno, baste decir que transcurre ya el quinto año del siglo XXI. El Siglo XX, cargado de ideas y luchas políticas ha quedado atrás, y con él la realidad que dio sustento a éstas. Los tiempos actuales están llenos de computadoras y video clips, de gente con teléfonos celulares y de gente recolectando basura, de precariedad laboral, de mutualistas no prósperas, de cada vez más médicas que médicos, ambos insatisfechos con su trabajo o su remuneración, de gente insatisfecha con los médicos o su sistema de salud.

Los tiempos actuales también están pobres en asambleas y en mitines.

Pero no es una visión apocalíptica ni de desesperanza la que corresponde. Porque el tiempo actual también ha traído nuevas miradas, nuevas formas del ver el mundo, de interpretar la realidad y de intentar cambiarla. El redescubrimiento de la medicina social, fundamentalmente desde Latinoamérica, acotando a su justo lugar a la tecnología y todo su cortejo, es un proceso que ya resulta irreversible en todos los países, incluido el nuestro, a pesar de las oposiciones retardatarias de turno. La complejidad se está consolidando como el nuevo paradigma que permite interpretar los procesos valorando la diversidad, la singularidad, la dimensión múltiple de los problemas. Desde este nuevo paradigma se propone la integración de saberes, la participación y la combinación de metodologías como fórmulas alternativas para la acción.

El SMU no es ajeno, aunque parezca, a estos procesos. Tal vez la inoperancia de los últimos tiempos de la que mucho se habla, en discursos cargados de crítica, autocrítica y hasta voluntarismo, trasciende a las personas y tiene sus raíces en la crisis que se instaura al mantener una estructura de otro tiempo pretendiendo abordar problemas de este tiempo.

Por este motivo es que tal vez el tiempo electoral, y particularmente este tiempo electoral es una oportunidad única de apostar al cambio necesario. Cambio que no ha de pensarse como obra mesiánica o vanguardista de uno ni de muchos, sino simplemente –o complejamente- construcción colectiva que integre miradas y saberes. Única porque el peligro de mantenerse al margen de los procesos que aceleradamente se van instalando en la construcción del mundo parece muy peligroso.

El cambio al que asistimos los uruguayos con el nuevo gobierno no parece ser el argumento para el cambio del SMU. La decisión colectiva de los uruguayos parece ser en este momento, al tiempo que una apuesta al futuro, el cierre de una deuda histórica de la propia sociedad consigo misma, abriendo una etapa, pero a la vez cerrando definitivamente la dictadura (como lo analiza Constanza Moreira), logrando concretar lo que la dictadura logró postergar.

El argumento para el cambio del SMU trasciende al propio sindicato, trasciende al país incluso, y encuentra sus raíces en la historia, de cara tanto al pasado como al futuro.

Tenemos la chance de optar por continuar siendo un espacio de producción de ideas y propuestas, expresión social y actor político fundamental de un país que ha tenido al SMU como uno de sus actores relevantes, o de continuar una inexorable marcha en declive que culmine en el deterioro sin retorno o en la reubicación del SMU en el contexto uruguayo como instrumento de defensa de intereses del o los sectores médicos que logren imponerse sobre el resto.

Entonces, lo electoral es sin duda oportunidad, porque siendo un momento fermental en participación, comunicación e intercambio, puede sentar las bases para el cambio.

La tan mentada unidad podría llamarse de otro modo, quitándole la carga de pasado que la impregna. No se trataría de unir lo que en un momento se separó. Se trataría de abrir un nuevo espacio, amplio, abierto, valga la redundancia, que acoja intereses y propuestas diversas y renovadas, que integre sin prejuicios y que fortalezca, no por la vía de negociaciones sino de la verdadera construcción colectiva.

Se necesita para esto la negociación, sin duda, pero también la integración sin recelos de gente nueva, basada en la voluntad de construcción y la mirada abierta más que en las credenciales de militancia gremial previa.

El nuevo gobierno, más que motivo para el cambio es también oportunidad, porque representa la posibilidad de concretar, ahora más que nunca, las más legítimas aspiraciones de los médicos en relación a su profesión y a la salud de la población.

El momento invita a la participación y a la esperanza, invita al compromiso y al cambio. La unidad es una herramienta más que valiosa para conducir y garantizar un proceso de apertura transformadora, pero de poco valdrá la unidad si no existe apertura, si no existe transformación.