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Carta-respuesta de Hugo Rodríguez a mensaje de Alfredo Toledo
aparecido en Red Médica Estimado Alfredo: seguramente coincidimos con la intención del título y con muchas cosas más. Te invito a enfocar el asunto desde otras perspectivas, por aquello de que los problemas complejos requieren miradas múltiples .
- Parto de una base: es tan absurdo sostener que todos los colegas oftalmólogos carecen de ética y se desinteresan por sus pacientes, como sostener que todos los médicos, por el simple hecho de serlo, somos la ética en estado puro. Entre esos dos extremos absurdos debe estar la realidad.
Mi opinión es que la gran mayoría de los médicos uruguayos somos trabajadores calificados honrados, que cumplimos en forma natural el Código de Ética que nos auto-impusimos, tal vez sin haberlo leído nunca. Dentro del colectivo hay también empresarios inexcrupulosos explotadores de sus propios colegas, colaboradores con el terrorismo de estado en diversas formas y quienes ejercitan la autoderivación, por nombrar sólo algunas modalidades que deterioran la imagen de la profesión .
- No basta con "tener razón". La realidad no se corresponde necesariamente con el imaginario social, sobre todo con el de los decisores. Y -sobre todo en este último nivel- no tenemos buena imagen. No la tenemos con la Ministra de Desarrollo Social, no la tenemos con el Ministro de Ganadería y Agricultura, no la tenemos con el doble ex-Presidente Julio María Sanguinetti y podría seguir con figuras de estos y otros partidos políticos.
La pregunta no es tanto quién tiene razón sino cómo hacer para mejorar esa imagen.
Cuando la Academia Médica Americana detectó que tenía "mala prensa" decidió promover una serial que mejorara la imagen de los médicos. Así nació
"E.R. Sala de urgencias".
La mejor manera de defender la Medicina Nacional -y en particular la profesión médica- no puede ser otra que la más eficaz para el objetivo perseguido. Esa mejor manera casi nunca es sacarse la ganas (lo que sí puede ser bueno para consumo interno).
Nuestra imagen no se juega en comunicar lo que pensamos sobre las declaraciones de Marina Arismendi, sino en comunicar qué pensamos sobre el implante de lentillas a quienes no pueden pagar su colocación en un consultorio privado, qué pensamos sobre la denuncia de un diputado (cuyo nombre ignoro) que dijo por TV que era empleado de un óptica a la que iban todos los meses 10 o 12 colegas a cobrar sus comisiones por recetas derivadas a ese comercio, y de cada una de las denuncias con las que se ha pretendido enfrentar la profesión con la población.
Yo espero que el SMU -como parte central de la defensa de la profesión y de una estrategia inteligente de cambio de imagen- diga bien claro que la salud está primero. Y que no le consta que algún colega cobre "por afuera" por indicaciones médicas, que si alguno lo hubiera hecho estaría por fuera del Código de Ética Médica y que por favor digan quién es, porque tenemos
instrumentos para defender el prestigio y la honorabilidad de nuestra profesión.
- Similar línea de razonamiento vale para tu planteo sobre los colegas cubanos que seleccionan pacientes para tratar en La Habana (cientos de los cuales ya están de regreso contando a quien lo quiera
oír cómo les fue).
En cada país donde hay médicos cubanos es porque no había
suficientes (no es el caso) o porque los médicos locales dejaron un sector social o geográfico o alguna patología sin adecuada cobertura. En Inglaterra o en Canadá no los verás.
Si nos enojamos con los cubanos, capaz que la gente se enoja con nosotros.
Participo de varias listas de correo con predominio de profesionales, y me da la sensación de que la gente ya se enojó. Se niegan a entender que en el país con más médicos por habitante después de Cuba, hubiera esa cantidad de gente que agregaba a la pobreza la falta de visión (en un contexto de pulseada pública de años para no practicar en las IMACs ciertos actos médicos).
Creo que es un momento de pensar en la opinión pública, más que en la tribuna. Y de defender a muerte todo lo que esté bien y de corregir lo que esté mal.
- No quiero dejar de mencionar que me parece bueno que los colegas oftalmólogos (entre los que tengo amigos queridos, compañeros con los que luchamos juntos contra la dictadura en los momentos más duros, entre los que hay médicos militares que tuvieron una actuación ética y técnica sobresaliente con algunos presos
políticos) y toda la MSAQ se acerquen al SMU. Sobre todo, si se trata de un acercamiento profundo, con la visión de que la profesión médica constituye una unidad, con una historia, una ética y una responsabilidad común, que no tiene porqué romperse a la hora de reivindicar una justa remuneración. Y que la remuneración sólo puede depender de la cantidad del trabajo, de la calidad de trabajo y del interés público por estimular ciertos niveles de atención. Y que jamás debió estar determinada por la capacidad de presión de cada grupo de especialidad.
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